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Sabemos que quienes tienen un sistema nervioso excitado tienden a sufrir más de depresión, ansiedad y nerviosismo. Esto depende en parte del tipo de cuerpo y de factores hereditarios. Por ejemplo, algunas personas tienen un sistema nervioso pasivo y otras, como Jorge (¡saludos Jorge!), tienen un sistema nervioso excitado. El tipo de sistema nervioso puede heredarse y determina en gran medida cómo reaccionamos ante el estrés y las situaciones cotidianas.
Cuando el sistema nervioso excitado está demasiado activo, aparecen síntomas como sudoración excesiva en la cabeza, espalda y axilas, debido a la activación de las glándulas sudoríparas por la ansiedad. Este nerviosismo y ansiedad que no se pueden controlar en ciertas situaciones son producto de un exceso de excitación que viene desde el sistema nervioso. Además, la persona puede experimentar insomnio, pensamientos acelerados, dificultad para relajarse y hasta problemas digestivos.
El exceso de actividad en el sistema nervioso excitado puede llevar a que la persona viva en un estado de alerta constante, lo que a largo plazo afecta la salud física y mental. La presión arterial sube, el corazón late más rápido y la mente no logra enfocarse. Muchas veces, la persona siente que no puede controlar sus emociones y reacciones, lo que genera aún más ansiedad y frustración.
Entre las manifestaciones más comunes del nerviosismo y la ansiedad por un sistema nervioso excitado están:
Estos síntomas pueden aparecer en cualquier momento, especialmente ante situaciones de estrés, presión laboral, problemas familiares o incluso sin motivo aparente. Es importante reconocerlos para poder actuar a tiempo y evitar que se conviertan en un problema crónico.
Afortunadamente, existe una técnica sencilla, gratuita y muy efectiva para calmar el sistema nervioso excitado: la respiración profunda. Lo que se ha descubierto es que al respirar tan profundo que sientas el aire llegar hasta el abdomen o incluso hasta los pies, y luego esperar unos 8 segundos antes de soltarlo suavemente, se activa el sistema nervioso pasivo, que es el contrario del excitado.
Cuando empiezas a respirar profundo, es normal que te den ganas de bostezar, porque el cuerpo entra en un estado de relajación similar al sueño. Si estás muy excitado y no puedes dormir, esta técnica puede ayudarte a relajarte y conciliar el sueño. Incluso, muchas personas notan que después de varias respiraciones profundas sienten un leve sueño o una sensación de paz.
¿Cómo practicar la respiración profunda?
Puedes practicar esta técnica en cualquier momento del día, especialmente cuando sientas ansiedad, nerviosismo o dificultad para dormir. También es útil para ayudar a otras personas que estén pasando por una crisis de ansiedad: invítalas a respirar profundo contigo y verás cómo se tranquilizan.
Esta es una técnica milagrosa, sencilla y siempre funciona, porque la verdad siempre triunfa.
La respiración profunda activa el sistema nervioso parasimpático, responsable de las funciones de descanso y recuperación del cuerpo. Al activar este sistema, se reduce la frecuencia cardíaca, baja la presión arterial y el cuerpo entra en un estado de relajación. Además, la respiración profunda ayuda a oxigenar mejor el cerebro, lo que mejora la concentración y el estado de ánimo.
Estudios científicos han demostrado que la respiración profunda y consciente puede reducir los niveles de cortisol (la hormona del estrés), mejorar la calidad del sueño y disminuir los síntomas de ansiedad y depresión. Por eso, es una herramienta fundamental para quienes buscan mejorar su salud mental y emocional de forma natural.
El nerviosismo y la ansiedad pueden afectar profundamente tu calidad de vida, pero existen técnicas sencillas y naturales para recuperar la calma. La respiración profunda es una herramienta poderosa, gratuita y siempre disponible. Practícala a diario y compártela con quienes lo necesiten. Recuerda: la verdad siempre triunfa.