El devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el oeste de Colombia este lunes, con epicentro en San José del Palmar (Chocó), no es un hecho aislado. Es el octavo sismo de gran magnitud registrado en lo que va de 2026 en países que conforman el Cinturón de Fuego del Pacífico, la zona más sísmica del planeta. Ante esta sucesión de eventos, el presidente del Instituto Geofísico del Perú (IGP), Fernando Tavera, ha encendido las alarmas: aunque no existe una cadena que permita predecir con exactitud el próximo movimiento telúrico, la probabilidad de que un terremoto de gran escala golpee el territorio peruano es cada vez mayor. “En algún momento ocurrirá en Perú”, afirmó contundentemente.
La declaración de Tavera, difundida este mismo lunes en una entrevista con Infobae, se produce en un contexto de alta tensión sísmica. El Cinturón de Fuego del Pacífico, una franja en forma de herradura que se extiende a lo largo de las costas de América, Asia y Oceanía, concentra más del 80% de la energía sísmica que se libera anualmente en el planeta. Allí se encuentran países como Perú, Ecuador, Colombia, Chile, México, Japón, Filipinas, Indonesia, Vanuatu, Tonga y muchas otras naciones insulares. La actividad de esta región es constante, pero el año 2026 está resultando particularmente activo.
Hasta el 10 de agosto, los siguientes países del Cinturón de Fuego han registrado sismos de magnitud considerable:
Fuente: Servicios Geológicos nacionales e IGP
El terremoto de Colombia, que hasta el momento ha dejado 111 fallecidos y 87 heridos, se suma a una lista que ya incluía a Chile, México, Filipinas, Japón, Indonesia, Vanuatu y Tonga. Todos estos países han experimentado movimientos telúricos superiores a magnitud 6 en la escala de Richter durante los primeros ocho meses de 2026. Es importante precisar que, si bien la frecuencia es mayor que en años anteriores, los sismólogos advierten que no existe una relación causal directa entre un terremoto y otro. Cada evento es producto de la acumulación y liberación de tensiones en fallas geológicas específicas.
Sin embargo, Fernando Tavera fue claro al señalar que el patrón de actividad sísmica en el Cinturón de Fuego no debe ser tomado a la ligera. “Lo que estamos viendo es una manifestación de la dinámica natural de la Tierra. El hecho de que hayan ocurrido tantos sismos en países vecinos y en otras regiones del Pacífico no implica que exista una cadena o una señal que nos indique dónde será el próximo. Pero sí nos recuerda que el Perú está en la misma zona de subducción y que, en algún momento, un terremoto de gran magnitud ocurrirá en nuestro territorio”, declaró el funcionario.
Perú se encuentra en una de las zonas de subducción más activas del planeta. La placa de Nazca se hunde bajo la placa Sudamericana a una velocidad aproximada de 7 centímetros por año, acumulando una tensión que debe liberarse periódicamente. Los últimos grandes terremotos que afectaron al país fueron el de Pisco (2007) de magnitud 8,0, y el de Ica (2007), que causaron cientos de víctimas y cuantiosos daños materiales. Pero los expertos calculan que regiones como Lima, Arequipa, Moquegua y Tacna tienen un déficit sísmico acumulado que podría desencadenar movimientos de magnitud superior a 8,5.
El presidente del IGP enfatizó que la prevención es la única herramienta eficaz para reducir el impacto de estos fenómenos naturales. “No podemos evitar que ocurra un terremoto, pero sí podemos prepararnos para que sus consecuencias sean menores. La educación sísmica, los simulacros escolares y comunitarios, y la planificación familiar son esenciales. Cada persona debe saber dónde están las zonas seguras en su hogar, tener una mochila de emergencia y conocer las rutas de evacuación”, recomendó Tavera.
Chile, por ejemplo, es uno de los países más sísmicos del mundo y ha desarrollado una cultura de prevención envidiable. En febrero de 2026, un terremoto de magnitud 6,8 en la región de Coquimbo dejó daños materiales pero pocas víctimas gracias a las estrictas normas de construcción y la rápida respuesta de las autoridades. México, por su parte, sufrió un sismo de 6,5 en marzo en el estado de Oaxaca, que también evidenció la importancia de los sistemas de alerta temprana.
En Asia, Japón (magnitud 7,1 en mayo) y Filipinas (6,9 en abril) activaron sus protocolos de emergencia con eficacia, mientras que Indonesia, Vanuatu y Tonga, países insulares del Pacífico Sur, enfrentaron sismos de magnitudes menores pero con riesgos asociados a tsunamis locales. En todos los casos, la preparación y la educación de la población marcaron la diferencia entre una tragedia y una emergencia controlable.
“Perú tiene mucho que aprender de estos países. No solo en infraestructura, sino en la conciencia ciudadana. La mayoría de los peruanos vive en zonas de alto riesgo sísmico, y sin embargo, aún persiste una cultura de ‘ya pasará’ que es peligrosa”, comentó Tavera. El funcionario recordó que el IGP ha desarrollado mapas de peligro sísmico para todo el país, y que estos deben ser utilizados por los gobiernos regionales y locales para actualizar sus planes de ordenamiento territorial.
El Instituto Geofísico del Perú, como entidad rectora en la vigilancia sísmica, trabaja en conjunto con el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) para coordinar simulacros nacionales. El último simulacro, realizado en mayo pasado, contó con la participación de más de 10 millones de personas en todo el país. Sin embargo, Tavera considera que estos ejercicios deben ser más frecuentes y deben involucrar a todos los sectores, incluyendo empresas, instituciones educativas y organizaciones vecinales.
“Los simulacros no son un trámite; son una práctica vital que puede salvar cientos de vidas. En un sismo de gran magnitud, los primeros segundos son decisivos. Saber si te echas al piso, te cubres o te desplazas a una zona segura depende de la memoria muscular que hayas entrenado”, enfatizó. Además, recomendó que las familias peruanas elaboren un plan de emergencia que incluya puntos de encuentro, contacto de emergencia y la preparación de una mochila con agua, alimentos no perecederos, linterna, radio y medicamentos básicos.
Según los modelos probabilísticos del IGP, la región de Lima metropolitana tiene una probabilidad superior al 60% de experimentar un terremoto de magnitud 7,5 o mayor en los próximos 30 años. En el sur del país, en la zona de Arequipa y Tacna, estas probabilidades son aún más altas debido al tiempo transcurrido desde el último gran sismo en la región (1868, con magnitud estimada de 8,8). “La historia sísmica nos muestra que los períodos de recurrencia se están cumpliendo. No sabemos el día, pero sabemos que la ventana de ocurrencia está abierta”, señaló Tavera.
No obstante, el funcionario insistió en que el objetivo no es generar alarma, sino conciencia. “No queremos que la gente viva con miedo, sino con preparación. El miedo paraliza; la preparación te da herramientas para actuar con rapidez y seguridad. Cada peruano debe asumir su responsabilidad individual y colectiva”, afirmó. El IGP mantiene una red de más de 130 estaciones sísmicas distribuidas a lo largo del territorio nacional, que permiten detectar movimientos incluso de baja magnitud y emitir alertas tempranas en caso de tsunamis.
Ante la inminencia de un sismo, los especialistas del IGP recomiendan seguir las pautas del “triángulo de la vida” en espacios cerrados, o bien la regla de “agacharse, cubrirse y sujetarse” en zonas donde haya muebles resistentes. En la calle, es fundamental alejarse de edificios, postes y cables eléctricos. Además, se debe identificar previamente las zonas de evacuación y los puntos de reunión seguros.
En el ámbito familiar, Tavera sugiere realizar un inventario de los objetos peligrosos que puedan caer o romperse durante el sismo, y fijar estanterías, cuadros y lámparas. También recomienda tener a mano una copia de los documentos importantes y un silbato para pedir auxilio en caso de quedar atrapado. “La prevención empieza en casa, con pequeños gestos que pueden marcar una gran diferencia”, concluyó.
Tras el terremoto de Colombia, la presidenta de Perú, Keiko Fujimori, ofreció el apoyo del país andino al gobierno de Abelardo de la Espriella. Esta respuesta inmediata refleja la hermandad entre las naciones del Pacífico, que comparten no solo riesgos geológicos, sino también la experiencia de haber enfrentado desastres similares. La Cancillería peruana activó las líneas de emergencia para connacionales en Colombia, y hasta el momento no se reportan peruanos afectados.
Sin embargo, más allá de la solidaridad posterior, la lección más importante es la preparación previa. Países como Chile y Japón han invertido décadas en educación sísmica y códigos de construcción antisísmicos, y eso se refleja en sus bajas tasas de mortalidad frente a terremotos de gran magnitud. Perú, aunque ha avanzado en la última década, todavía tiene un largo camino por recorrer en términos de infraestructura resiliente y cultura de prevención.
El presidente del IGP reiteró que no existe un sistema que permita predecir terremotos con antelación suficiente, por lo que descartó cualquier afirmación pseudocientífica que circule en redes sociales. “Solo podemos monitorear, analizar y alertar. Pero el cambio real está en la actitud de cada ciudadano. La naturaleza es poderosa, pero la inteligencia y la solidaridad humana también lo son”, sentenció.
Mientras Colombia contabiliza los daños de su peor sismo en décadas, los ojos de la región se vuelven hacia la prevención. Tavera hizo un llamado urgente a las autoridades de los tres niveles de gobierno para que revisen y actualicen los planes de contingencia, y a los medios de comunicación para que difundan información veraz y útil. “No podemos esperar a que el terremoto ocurra para preguntarnos qué debimos hacer. El momento de actuar es ahora”, concluyó.
La tierra se mueve, y el Cinturón de Fuego no da tregua. Perú, como parte de esta cadena de fuego y energía, debe asumir su destino con responsabilidad. La historia geológica es clara: los grandes sismos han sido y serán parte de la vida en los Andes y la costa. Pero la historia humana también puede escribir un capítulo de resiliencia, organización y vida. Depende de todos que así sea.
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