El primer domingo de agosto de 2026 quedará grabado en la memoria política del Perú. La encuesta nacional de Datum, difundida en la víspera, reveló que Keiko Fujimori inicia su gobierno con un 60% de aprobación ciudadana, una cifra que no solo supera todas las expectativas de su propio equipo, sino que se convierte en el respaldo inicial más alto de un presidente peruano desde que se tienen registros confiables de medición de opinión pública.
El dato, sin embargo, no es un cheque en blanco. El mismo sondeo arroja que un 40% de la población desaprueba la gestión de la mandataria en sus primeros diez días al frente del Ejecutivo. Una polarización que, lejos de sorprender, refleja la fractura histórica que atraviesa el país y que la propia Fujimori ha reconocido en sus discursos como "un desafío para construir puentes".
60% de aprobación ciudadana — la cifra más alta jamás registrada para un presidente peruano en sus primeros días de mandato, según la encuesta nacional de Datum de agosto de 2026.
La encuesta, realizada entre el 30 de julio y el 2 de agosto a nivel nacional con una muestra de 1,200 personas y un margen de error de ±2.8%, no solo mide el termómetro de la popularidad. También traza un mapa detallado de dónde se concentra el respaldo a Fujimori, qué factores explican este arranque arrollador y, quizás lo más importante, cuáles son las alertas que el nuevo gobierno debe atender para no dilapidar este capital político en los meses venideros.
Si se desagregan los datos por regiones, el panorama que dibuja Datum es el de un país partido en dos grandes bloques. La sierra sur y la costa norte son los bastiones más sólidos de la nueva presidenta. En departamentos como Cusco, Puno, Apurímac y Arequipa —zonas que en el pasado fueron terreno fértil para el fujimorismo más combativo— la aprobación supera el 68%. En Piura, Lambayeque y La Libertad, el apoyo ronda el 65%.
En contraste, Lima Metropolitana y la región Callao muestran un respaldo más tibio, con un 52% de aprobación y un 46% de desaprobación. La capital, históricamente más crítica y con un electorado más fragmentado, parece mirar con cautela los primeros pasos del gobierno. En el sur andino, sin embargo, la luna de miel es más intensa: en zonas rurales de Puno y Cusco, la aprobación alcanza picos del 74%.
El contraste entre lo urbano y lo rural es, quizás, uno de los hallazgos más reveladores del sondeo. En las zonas rurales, la aprobación de Fujimori llega al 70%, mientras que en las ciudades de más de 100 mil habitantes el apoyo cae al 54%. La brecha es de 16 puntos. ¿Qué explica esta diferencia? Los analistas consultados por este diario coinciden en que el discurso de "orden y paz" que la presidenta ha repetido en cada intervención pública cala con más fuerza en el Perú profundo, donde la percepción de inseguridad y abandono estatal es más aguda.
Por niveles socioeconómicos, la encuesta de Datum arroja un patrón claro: los sectores D y E (los más vulnerables) son los que otorgan el mayor respaldo a Fujimori, con un 71% de aprobación. En el sector C, el apoyo es del 58%, mientras que en los sectores A y B (los de mayores ingresos) la aprobación cae al 49%, con una desaprobación del 48% que prácticamente empata.
Este dato no es menor. La presidenta ha hecho de la lucha contra la pobreza y la atención a los "olvidados del Estado" uno de los ejes de su mensaje. Y los números le dan la razón, al menos por ahora. Pero la pregunta que flota en el ambiente político es si ese respaldo se sostendrá cuando las primeras medidas de ajuste económico empiecen a sentirse en los bolsillos de las familias.
Los especialistas consultados por este medio coinciden en señalar que el altísimo nivel de aprobación inicial de Keiko Fujimori no es producto del azar ni de un simple "efecto luna de miel". Detrás del 60% hay al menos tres factores concretos que explican este respaldo temprano.
El primer mensaje a la nación de Fujimori desde el Congreso, el 28 de julio, fue descrito por varios analistas como "el más empático de su carrera política". Lejos de los tonos confrontacionales que marcaron su etapa opositora, la presidenta habló de "reconciliación", de "escuchar a todos los peruanos" y, sobre todo, de poner en el centro de la agenda a las víctimas de la violencia y la delincuencia. Mencionó a las madres de los jóvenes asesinados en las protestas de 2023, a los comerciantes informales que perdieron todo en los saqueos y a los campesinos del sur que llevan años esperando agua y luz. "No vengo a dividir, vengo a unir", dijo entre aplausos de su bancada. Y el mensaje, según la encuesta, resonó en el 76% de los encuestados que se identifican con sectores populares.
La inseguridad ciudadana es, desde hace años, el principal dolor de cabeza de los peruanos. Y Fujimori lo sabe. En sus primeros días de gobierno, ha desplegado una estrategia de comunicación agresiva en materia de seguridad: anunció el despliegue de 5,000 efectivos militares en las calles de Lima y Callao, prometió la construcción de dos nuevos penales de máxima seguridad y adelantó que enviará al Congreso un proyecto de ley para endurecer las penas contra la delincuencia organizada. La encuesta Datum revela que el 68% de los peruanos respalda estas medidas, incluso entre aquellos que no votaron por ella. "La gente está harta de la inseguridad y ve en Fujimori a alguien que, al menos, dice que va a hacer algo", comenta el sociólogo Jorge Rojas, especialista en opinión pública.
El tercer factor que explica el 60% de aprobación tiene que ver con la memoria histórica del fujimorismo. Para un sector importante de la población —especialmente en provincias y entre los sectores D y E—, el apellido Fujimori sigue asociado a la derrota de Sendero Luminoso y al fin del caos hiperinflacionario de fines de los años 80. "No es que la gente haya olvidado los temas de derechos humanos, sino que prioriza la seguridad y el orden por encima de cualquier otra cosa", explica Rojas. "Y Fujimori encarna ese discurso de manera natural". La encuesta muestra que el 58% de los encuestados cree que la presidenta "va a poner orden en el país", una cifra que sube al 72% en zonas rurales.
Para dimensionar la magnitud del 60% de aprobación de Keiko Fujimori, basta con mirar la tabla de la memoria reciente. Ningún presidente peruano desde el retorno a la democracia en el año 2000 había alcanzado un respaldo tan alto en sus primeros días de mandato.
Como se aprecia, Keiko Fujimori supera incluso a Alejandro Toledo (58%), quien llegó al poder con un amplio respaldo ciudadano tras la caída del régimen de Alberto Fujimori. Pero los analistas advierten: la luna de miel en el Perú suele ser breve. Toledo, por ejemplo, pasó del 58% al 35% en menos de seis meses. Ollanta Humala, que inició con 56%, cayó a 38% en su primer año. La pregunta que todos se hacen es si la hija del expresidente logrará lo que sus predecesores no pudieron: sostener el respaldo más allá de los primeros cien días.
El desafío de la gestión: "El 60% es un colchón enorme, pero también una exigencia. La gente no va a esperar un año para ver resultados. En tres meses, la encuesta volverá a preguntar y si no hay avances tangibles, el colchón se desinfla", advierte el politólogo Luis Benavente.
La encuesta Datum no solo mide aprobación; también indaga sobre las principales preocupaciones de la población. Y el resultado es un termómetro de las urgencias que el gobierno de Fujimori deberá atender con prioridad si no quiere ver erosionado su capital político.
El 83% de los encuestados señala la inseguridad como el problema más grave del país. No es una sorpresa. Pero lo que sí llama la atención es que, a pesar del discurso de "mano dura" de la presidenta, un 45% de los peruanos cree que el gobierno no está preparado para enfrentar a las bandas criminales que operan en Lima y en las principales ciudades del interior. El dato es un llamado de atención: la retórica de seguridad debe traducirse rápidamente en resultados concretos. Las primeras semanas del gobierno serán clave para demostrar que los anuncios no quedan en papel.
El segundo gran desafío es económico. La encuesta revela que el 61% de los peruanos cree que la economía del país empeorará en los próximos meses. La inflación, aunque moderada respecto al año pasado, sigue golpeando los bolsillos de las familias. El precio del pollo, del pan y del gas se mantiene alto en los mercados populares. Y aunque Fujimori ha anunciado un "shock de inversión pública" de 12 mil millones de soles para reactivar la economía, solo el 34% de los encuestados confía en que esa medida llegue a tiempo. "La paciencia de la gente con la economía es cada vez más corta", comenta el economista Pedro Francke. "Si en tres meses no se ven señales de mejora en el empleo y en el poder adquisitivo, el apoyo va a empezar a resquebrajarse".
El 18 de julio, apenas diez días antes de la asunción de Fujimori, un sismo de magnitud 6.8 sacudió la región Junín, dejando más de 3,500 viviendas destruidas, 12 fallecidos y decenas de heridos. Los distritos de Chanchamayo, Satipo y Concepción fueron los más afectados. La reconstrucción se ha convertido en una prueba de fuego para el nuevo gobierno. La encuesta Datum revela que el 58% de los peruanos considera que la respuesta del Estado ha sido "insuficiente" hasta ahora, y el 63% cree que la reconstrucción se demorará más de un año. Fujimori ha prometido que los recursos llegarán "sin burocracia" y ha designado a una comisión de alto nivel para supervisar las obras. Pero en el Perú, la palabra "reconstrucción" despierta recuerdos amargos de proyectos inconclusos y dinero malgastado. La población de Junín y de las regiones vecinas observa con lupa cada movimiento del Ejecutivo.
Más allá de los números de aprobación, la encuesta Datum también indaga sobre las expectativas concretas que la población tiene sobre el nuevo gobierno. Y los resultados son un termómetro de lo que la ciudadanía considera "urgente".
La encuesta también revela un dato que debería inquietar al oficialismo: el 52% de los peruanos cree que el gobierno no cumplirá la mayoría de sus promesas. Es decir, la desconfianza en la clase política sigue siendo un lastre profundo que ninguna luna de miel, por intensa que sea, logra disipar por completo. "La gente apoya a Fujimori hoy, pero con el freno de mano puesto. Están dispuestos a darle el beneficio de la duda, pero no van a esperar eternamente", resume el analista Fernando Tuesta.
El gobierno de Keiko Fujimori tiene, según los analistas, un plazo de aproximadamente tres meses para demostrar que su discurso de orden, seguridad y reconstrucción no es solo una colección de frases bonitas. La encuesta Datum ha puesto en el centro del tablero político un dato contundente: el 60% de los peruanos respalda a su presidenta, pero ese respaldo es un activo que se deprecia rápido si no se acompaña de resultados.
La inseguridad, la economía y la reconstrucción tras el sismo en Junín son los tres ejes que definirán el rumbo de la popularidad presidencial en los próximos meses. Fujimori ha anunciado que enviará al Congreso un paquete de proyectos de ley en materia de seguridad y reactivación económica antes de fin de mes. También ha adelantado que viajará personalmente a las zonas afectadas para supervisar los avances de la reconstrucción. "No voy a gobernar desde el escritorio", dijo en su última conferencia de prensa.
La oposición, por su parte, ya ha comenzado a mover sus fichas. La bancada de Perú Libre ha anunciado que interpondrá una moción de interpelación al ministro del Interior si en los próximos 30 días no se presentan resultados concretos en materia de seguridad. "El 60% de aprobación no nos asusta, porque sabemos que es un espejismo. La gente va a despertar pronto", declaró el vocero de la agrupación de izquierda.
Pero en el oficialismo confían en que la presidenta sabrá manejar los tiempos y las expectativas. "Keiko Fujimori no es una improvisada. Lleva años preparándose para este momento y tiene un equipo técnico de primer nivel", asegura un alto funcionario de Palacio que pidió reserva de su nombre. "El 60% es un mandato claro: la gente quiere orden, quiere paz y quiere que el Estado llegue a todos los rincones. Y eso es exactamente lo que vamos a hacer".
La encuesta nacional de Datum de agosto de 2026 ha dibujado un panorama político que ningún analista se atrevió a pronosticar hace solo un mes. Keiko Fujimori, la candidata que durante años fue vista como una figura polarizante, ha logrado en sus primeros días de gobierno un nivel de respaldo que la coloca en un lugar de privilegio en la historia presidencial del Perú.
Pero el Perú no es un país de euforias duraderas. La memoria colectiva sabe que las lunas de miel en el Palacio de Gobierno suelen durar lo que un verano en la costa. El 60% de aprobación es, sin duda, un capital político enorme. Pero también es una exigencia silenciosa: la gente no solo aplaude un discurso, aplaude la promesa de un cambio real en su vida cotidiana.
Los próximos meses serán, probablemente, los más decisivos del gobierno de Fujimori. La seguridad, la economía y la reconstrucción serán el campo de batalla donde se juegue su futuro político. Y la encuesta Datum, como un termómetro implacable, estará allí para medir cada grado de confianza que la ciudadanía deposite en su presidenta.
Por ahora, el 60% brilla en las portadas de los diarios y en los titulares de los noticieros. Pero en el Perú, la historia política enseña que el apoyo ciudadano es un activo frágil, que se construye con hechos y se derrumba con promesas incumplidas. Keiko Fujimori lo sabe. Y el país entero observa.
Ficha técnica: Encuesta nacional de Datum Internacional, realizada entre el 30 de julio y el 2 de agosto de 2026. Muestra: 1,200 personas mayores de 18 años, a nivel nacional urbano y rural. Margen de error: ±2.8% con un nivel de confianza del 95%. Metodología: entrevistas presenciales en hogares y llamadas telefónicas. Estudio patrocinado por Datum Internacional para fines periodísticos.
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