La estrella de la gimnasia mundial aterrizó en Lima el pasado lunes 4 de agosto, y desde el primer momento se notó que su visita iba más allá de lo protocolario. Como embajadora global de los Juegos Panamericanos Lima 2027, Biles participó en conferencias, charlas con deportistas peruanos y actividades con jóvenes talentos del Instituto Peruano del Deporte (IPD). Pero su mensaje central fue uno que resuena en el corazón de millones: la salud mental es tan importante como la salud física.
En el encuentro con más de 100 deportistas peruanos del Programa Lima 2027 y del Programa de Apoyo al Deportista (PAD), Biles no se guardó nada. “He derribado muros, barreras. Estoy aquí porque quiero que más personas y deportistas sepan todo lo que pasé”, afirmó con la voz firme pero cercana. Y agregó algo que desarmó a todos: “No es presión. Si puedo hacer que el camino sea más fácil con mi palabra, aquí estoy para ayudar”.
La campeona, que acumula 41 medallas entre Juegos Olímpicos y Campeonatos Mundiales, habló sin filtros sobre su proceso de recuperación tras Tokio 2020. “Después de Tokio 2020 pensé que todo se había acabado, pero nunca le tuve miedo a nada. Regresé a lo básico, volver a confiar”, confesó ante la audiencia peruana.
Para entender por qué el mensaje de Biles es tan poderoso, hay que volver a Tokio 2021. En plenos Juegos Olímpicos, la gimnasta que era considerada invencible tomó una decisión que paralizó al planeta: se retiró de varias finales para proteger su salud mental. Sufría los llamados “twisties”, un bloqueo mental en el que el atleta pierde la noción de su cuerpo en el aire, un fenómeno potencialmente peligroso que puede provocar lesiones graves.
En ese momento, Biles popularizó un término que hasta entonces solo conocían los gimnastas. Y, más importante aún, normalizó que una atleta de élite pudiera decir “basta” para cuidarse. “Si tienes un problema mental, como es invisible, la gente no lo entiende”, reflexionó tiempo después. Su decisión abrió una conversación global sobre la presión en el deporte de alto rendimiento y el derecho a priorizar el bienestar por encima de las medallas.
Esa valentía la convirtió en un símbolo mundial del cuidado de la salud mental. Y lo que dijo en Lima fue la continuación de esa lucha: “Yo tengo un terapeuta personal que visito una vez por semana”, reveló sin titubeos. Una frase que, dicha por la mejor gimnasta de la historia, derriba estigmas y demuestra que pedir ayuda no es debilidad, sino inteligencia emocional.
Uno de los consejos prácticos que Biles dejó en Perú fue claro y directo: priorizar el descanso, buscar ayuda profesional y no normalizar el agotamiento. “Que cuiden su mente igual que de su cuerpo. Yo solo me ocupaba del último. Y que confíen en sí mismos, sueñen a lo grande y logren su mejor versión”, dijo en otras apariciones previas, y en Lima reforzó esa idea con un mensaje para los jóvenes: “Tenéis que cuidar de vuestra mente igual que del cuerpo, confiar, tener sueños y hablarse a uno mismo de manera sincera”.
También insistió en que el éxito no se mide solo por los resultados. “Diviértanse, abracen el camino”, resumió su consejo para los atletas que competirán en Lima 2027. Y explicó que las competencias internacionales deben valorarse por las experiencias y los recuerdos, no únicamente por las medallas.
“Cuando comencé en la gimnasia, mi meta principal era divertirme. Simplemente asegúrense de que se estén divirtiendo, esa es la forma de encontrar el éxito”, sostuvo en la rueda de prensa. Una filosofía que, en boca de una atleta de su nivel, suena casi revolucionaria.
El mensaje de Simone Biles no podía llegar en mejor momento a Perú. El país atraviesa un creciente interés por la salud mental, con un aumento en la demanda de servicios psicológicos y una conversación cada vez más abierta sobre la ansiedad, la depresión y el estrés. La pandemia dejó heridas profundas, y muchas personas, especialmente jóvenes, han comenzado a buscar ayuda.
En ese contexto, el Ministerio de Salud (Minsa) ha fortalecido su Línea 113, opción 5, un servicio gratuito de orientación y contención emocional disponible las 24 horas del día, todos los días del año. Esta línea atiende problemas de pareja, depresión, ansiedad, estrés, adicciones, bullying y brinda soporte psicológico. Es un recurso vital para quienes necesitan hablar con un profesional sin costo y sin barreras.
El Ministerio de Salud de Perú pone a disposición de todos los ciudadanos la Línea 113, opción 5, un servicio gratuito de orientación en salud mental. Puedes llamar desde cualquier teléfono fijo o celular, las 24 horas del día, los 365 días del año.
Quizás lo más importante que dejó Simone Biles en Lima fue su defensa abierta de la terapia. “Sin terapia no habría vuelto a las Olimpiadas”, ha declarado en otras ocasiones. Y en Perú lo ratificó: “Dar importancia a la salud mental ya no es una debilidad, sino un punto fuerte”.
Esa frase es clave en un país donde todavía persisten tabúes alrededor de la salud mental. Muchas personas evitan buscar ayuda por miedo al qué dirán o porque creen que “no es para tanto”. Biles, con su ejemplo, desestigmatiza la terapia y la pone en el lugar que merece: como una herramienta de bienestar al alcance de todos, no solo de los atletas de élite.
La humildad de Biles también se hizo presente en cada intervención. Lejos de la imagen de superestrella inalcanzable, se mostró como una persona que ha vivido caídas y ha aprendido a levantarse. “No me adelanto con los próximos Juegos Olímpicos. Prefiero dar pasos pequeños y disfrutar del proceso”, dijo a los deportistas peruanos.
Esa filosofía de vivir el presente y valorar el camino es quizás el mayor regalo que dejó en el país. Porque no todos los días una leyenda del deporte mundial se sienta frente a jóvenes atletas y les dice que está bien no estar bien, que está bien pedir ayuda, que está bien priorizarse.
Simone Biles no vino a Lima a enseñar gimnasia. Vino a enseñar humanidad. Y en un mundo que exige resultados a cualquier costo, su mensaje es un recordatorio necesario: el mayor triunfo es cuidarse a uno mismo.
La visita de Simone Biles a Perú quedará grabada no solo por su brillo olímpico, sino por su generosidad al compartir una verdad que muchos callan: la salud mental importa, y cuidarla es el acto más valiente que podemos hacer. Como ella misma dijo: “He derribado muros, barreras. Estoy aquí porque quiero que más personas y deportistas sepan todo lo que pasé”. Y nosotros, los que escuchamos, salimos un poco más fuertes y un poco más humanos.